Pasé por Cesarea, y vi muchas personas moviéndose como si fueran hormigas. Buscaban afanosamente, no se qué. Tenía mucha hambre en ese momento. Y comencé a comer un cabrito al pastor. ¡Hummm, que rico! ¡Esta buenísimo! Las tortillas calientitas y el jugo de naranja hacían lo suyo. Los muchachos y yo, terminamos de comer, y nos fuimos al monte a predicar la palabra de Dios.
Hablé sobre las Bienaventuranzas de la vida.
"Dichosos los pobres, porque serán enriquecidos con cosas que no se corrompen".
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia social, porque de ellos es el reino de los cielos".
" Dichosos cuando por causa de mi nombre os ultrajen, y os violenten diciendo de vosotros muchas mentiras, porque tendrán un gran galardón en mi reino". Que es el reino de la verdad.
"Bienaventurados los que lloran porque recibirán consolación".
"Dichosos los que buscan la paz, porque alcanzarán misericordia de parte de Dios!".
¡Bienaventurados sereís cuando prediquen la palabra de Dios, porque ella es verdad y vida eterna!".
"¡Bienaventurados los que dan generosamente, porque les será devuelto el 100 % y después la vida eterna¡".
"¡Dichosos los que dan alegría porque el amor y la alegría son de Dios!".
Bueno, pero ya es tarde dijo uno de los discípilos. Pasan de los 6 de la tarde y no tarda en llegar la noche. Hay más de 5000 personas y no tenemos nada para darles. Dijo Jesús: Busquen algo. Y solamente encontraron a un niño que llevaba un valde con 2 peces y 5 panes. Se los llevaron Jesús, y dijo: ¿Qué son 5 panes y 2 peces para esta multitud? Diles que se inclinen de rodillas. Y Jesús oró. Los panes se multiplicaron junto con los peces de tal forma que sobraron 12 cestas de pedazos, después de que todo mundo hubo comido. ¡No cabe duda de que Dios es con nosotros!
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